Cúpulas

2 10 2008
Cúpula de la Roca

Cúpula de la Roca

Un problema de cúpulas, tiene Jerusalén. Esta es una de ellas, si cabe la más impresionante, con cobre dorado donado por Hussein de Jordania (entre seis y siete millones de dólares), para reafirmar sus derechos de protección sobre los lugares santos del Islam. Desde la lejanía, destaca otra cúpula, la del Santo Sepulcro; a su vez, los judíos, carentes de cúpulas en la ciudad vieja, reconstruyen la sinagoga de Hurva, literalmente, “la ruina”, para tener su cúpula-símbolo. Mal presagio, de todas maneras, con semejante etimología.

Y es que de esto quería hablar. De las cúpulas grandes, mayores, gigantescas… y de su destrucción. En esta tierra hay un afán desmedido no sólo por asentarse uno mismo, sino por borrar los vestigios del paso anterior de cualquier otro. La Custodia de Tierra Santa ha elevado a la alcaldía de Jerusalén una protesta formal, porque en el Cenáculo de Cristo, antiguo convento franciscano, hay un asentamiento judío. Hasta aquí, todo dentro de la “normalidad”, salvo por el hecho de que como parte del asentamiento hay una sinagoga. Y como la sinagoga no puede soportar la cercanía de restos cristianos, los judíos se dedican con loable paciencia a eliminar metódicamente, piedrita a piedra, todo vestigio arqueológico del monasterio -hasta hace poco no sabían que los tres clavos en las jambas de las puertas eran un recuerdo de los tres clavos de Cristo, que los monjes clavaban allí. En cuanto lo supieron, empezaron a desaparecer-. El recinto no está cerrado, sino que grupos de turistas y peregrinos visitan el Cenáculo; por los rincones hay carteles, que indican que allí vive alquien (no me resisto a poner la foto de uno de ellos, ahí abajo os la dejo), y uno va paseando por el antiguo convento, convertido en vía pública. Como el destino es un cachondo, la comuna de colonos ha hecho un memorial de las víctimas del Holocausto en el viejo matadero de cerdos del monasterio. Aunque esta no es la mayor metedura de pata. Preguntad, preguntad por el homenaje a las víctimas de Masada, y luego me contáis.

La costumbre es común en el lugar: cuando en el 1948 la Legión Jordana tomó el control del barrio judío de la ciudad vieja (los palestinos no fueron jamás “libres”, siempre tuvieron la tutela de otro estado, y en esta vez les tocaba a los Jordanos), la Legión no sólo demolió la Hurva, sino todo el barrio judío. Hasta los cimientos, con una saña que recuerda la de nuestros vikingos de excursión por media Europa, a los alemanes de paseo por la otra media, o al teatral Delenda Est de Escipión, mientras va salando las humeantes ruinas de Cartago. Nuestros primos. Así que si la culta y vieja Europa ha caído, no hay por qué pensar que estos tampoco. Ni el dorado ni los carteles amenazantes, ni las protestas formales de los frailes protegerán de la destrucción. Esta ciudad es el ejemplo vivo de los ciclos del odio. Hoy construyo lo mío con una mano, mientras con la otra pulverizo tus restos. Así no hay cúpula que aguante.

Pablo  

Con cariño, a los profes de inglés

Con cariño, a los profes de inglés