También es fiesta en Jerusalén occidental. En Israel. En las comunidades judías mundo adelante. Comienza un nuevo año, el 5769 desde que Dios creó el mundo. El estudio científico de los libros sagrados así lo atestigua. Que nadie lo dude. Así lo marca la Ley, así lo dicen los Libros. Javier, que comparte con nosotros mesa a menudo, y nos hace exégesis bíblica en las servilletas de papel emborronándolas con hebreo, arameo y griego, nos explicó una cosa curiosa, que aquí comparto.
La gran novedad del mensaje de Cristo fue el punto de aplicación de la fuerza. Los “otros grandes”, Confucio, Buda, Mahoma, Abraham, habían puesto o pondrían después el énfasis en aspectos externos a ellos. La Ley, el Camino, el Sendero. Pero sólo Jesús se señala a sí mismo y dice que Él es el camino. Parece una catequesis, pero nada más lejano de mi intención, os lo prometo. Además soy lego en estos temas, y va a llegar un teólogo de verdad a ponerme los puntos sobre las íes, lo veo venir.
Lo que sí sé, de fuente plenamente fiable, es que en Navidad, la Navidad cristiana, las iglesias en Israel se llenan de judíos laicos, que van a dejarse empapar de la mística de la alegría, del perdón, de la cercanía, de los villancicos. Del nacimiento de aquel que se opuso a la Ley y se señaló a sí mismo. Y esto no es teología, es un hecho social. Pasen y vean. É vero. ¿Conclusiones? No sé. O quizás sí, pero no las digo.
Pablo
