Leía hace poco el texto de un activista español, muy de izquierdas, sobre su viaje a estas tierras. Y hablaba de que le tocó vivir una “acción de resistencia”. Que consistió en la voladura de un jeep de la policía de fronteras por parte de un comando palestino, con un muerto. El muerto en cuestión no sé si era druso o beduino, que los emplean los judíos en la policía porque no tienen complejos en zurrarles a los palestinos, que les han mirado siempre mal. Además del análisis, sencillote él (uniforme-malo, sea druso anatema, beduino sunní, o judío con pedigrí; palestino-libertad y amor), lo más llamativo era el eufemismo: ¿”Acción de resistencia”? Vamos a ver, llamar una acción de resistencia a una granada anticarro es forzar demasiado los conceptos. Acción de resistencia es lo que hace uno que prefiere ser arrastrado antes que ir por su propio pie. La diferencia es muy sutil, porque es “acción”, y por otro lado “de resistencia”. La resistencia es precisamente la acción negativa, actuar en contra, “inactuar”, o responder a “A” con “B”, no con “A”. A no ser que apliquemos la resistencia a las acciones de combate, a la guerrilla, que entonces la cosa cambia. Y a A le respondes con “A”, con “AA” o con “AAA”. Porque para sutilezas en combate, los judíos. Que distinguen sin dudar entre los sutiles matices de la preventive action y la paleta de colores de la preemptive action, y vaya si aplican las sutilezas. Que aunque en este caso forman parte de la extraña moralidad de la guerra, no son meros eufemismos.
Sin embargo, la acción de resistencia suele ser una manera de llamar finamente a lo que es un asesinato. Nos guste o no. Hemos sido testigos aquí de verdaderas acciones de resistencia: esposarse a una puerta para que los colonos no te desalojen de tu casa es una acción de resistencia. Lo otro, la granada es un atentado y un asesinato. Otra cosa es que seamos partidarios, por equis razones, del atentado y del asesinato, porque el otro lo haga antes o lo haga mejor, o lo vaya a hacer después. Eso, si queréis, lo discutimos. Ya sabéis que de razones andamos todos sobrados. Pero al pan, pan, y al vino, vino. Si un palestino mata en una “acción de resistencia”, está justificado. Pero si mata en un cruel asesinato, lo mismo alguien piensa que realmente ha sido moralmente reprobable. Hay todo un trasfondo intencional en el eufemismo. Dejémonos de categorizar abstracciones, de crear “sinergizaciones coyunturales”, de explicar con palabras complejas pensamientos muy simples, en lugar de hacer lo contrario: explicar conceptos complicados con palabras sencillas. Y si somos partidarios del asesinato -seamos judíos, palestinos, birmanos o de Palencia- pues lo decimos, y tan amigos. Pelillos a la mar.
Pablo







