Primer día tras el Ramadán. Los chavales juegan en la calle, como todos los días, pero hoy algunos visten sus mejores galas. Los zapatos puede que molesten. La corbata no está del todo bien puesta. Pero todos posan para la foto. Dejan de jugar a “polis y palestinos” (verídico) y, pistola al cinto, componen la sonrisa. Qué miradas más sanas y alegres. Qué triste presagio el arma en el vientre. Casi dan ganas de comprarles unas peonzas para que jueguen a otra cosa.
Pablo

Hay una teoría en Genética que afirma que el fenotipo es el resultado del genotipo y el ambiente. En palabras menos técnicas, que lo que vemos, el comportamiento es lo que se obtiene de la suma de lo que nos viene en los genes más lo que el ambiente que nos rodea nos inculca.
Los niños siempre juegan a buenos y malos, a polis y ladrones, a indios y pistoleros, a “palestinos y polis”. Porque les va en los genes que se manifiestan a esas edades. La pistola encajada en la cintura queda impuesta por el ambiente en el que viven, como aquel niño que lleva la camiseta de Torres porque es lo que vive, porque el ídolo de cada niño lo exhibe, tanto la pistola para uno como la camiseta para el otro.
La buena noticia es que el ambiente es susceptible de ser modificado, a Dios gracias. ¿Quién lo puede cambiar? O mejor dicho, quién es el valiente que quiere intentarlo? ¿Quién osa ir contra corriente?