Consternación

29 09 2008
Mirando a levante. King David Hotel

Mirando a levante. King David Hotel

Hace unos días, como P. y un servidor somos ricos, decidimos dilapidar nuestra fortuna en tomarnos un café en el King David Hotel. En donde, por cierto, casi coincidimos con el hábil estratega español, el ministro Moratinos. Para que se hagan una idea del nivelazo. Del hotel.

Así que intentando sacudir el polvo de las botas sin que se notara demasiado, entramos con la cabeza bien alta, hasta la terraza ajardinada: ante nosotros se extendía la ciudad vieja, recostada sobre el inicio de la tarde. Una camarera servicial se acercó, breves y corteses indicaciones casi en silencio, y por arte de magia, todo un juego de té con pastas ante nosotros. El paisanaje, regularmente selecto. Algunas parejas de ancianos, algún turista inverosímil, algún peregrino de alto nivel. Todos adinerados, aunque no ostentosos. En este hotel no deben permitir cursis ni nuevos ricos. No sé cómo llegamos a entrar hasta aquí…

Mientras el té se va enfriando piensas en que hubiera sido muy cómodo ser corresponsal de guerra desde aquí. Y desde la terraza ver arder las líneas del frente. Ver pasar la historia. A fin de cuentas, el edificio tiene su aquel. Sede del cuartel general británico y del Gobierno Civil, vivió un brutal atentado a manos de los judíos del Irgún en 1946. A la salida hay una placa, que explica el asunto, y sobre la que ha habido discusión, pues los judíos afirman que hubo aviso de bomba, los británicos lo niegan. Conclusión: 91muertos, 45 heridos. A unos metros de donde paladeamos nuestro té azucarado.

Uno no va a entrar en polémica, no estuve allí, no sé si llamaron o no. No sé si el Irgún es, como dice Netanyahu, mejor que Hamas porque tiene moral. Lo que me llama la atención es la placa conmemorativa, que acaba con un “…to the Irgun’s regret…”. Es decir, “para consternación del Irgún” hubo tantos muertos y tantos heridos. Me van a enternecer, con tanta sensibilidad. Primero ponen una bomba que vuela siete plantas, cimientos incluidos, y luego dicen que no sabían que eso podía hacer pupa. Se me están saltando las lágrimas, de veras. Estoy emocionado de la humanidad y buen hacer de estos chicos.

Porque no íbamos a ser tan bestias como para pensar que lo que quería el Irgún era matar cuantos más británicos mejor, volar cuanto más edificio mejor, y echar a la pérfida Albión de Palestina cuanto antes mejor; eso queda mal en la foto. No sé cuál fue la idea primigenia de la bomba, pero según el cartel, es lo que ahora podría denominarse “atentado humanitario”. Se me están volviendo a subir las lágrimas de emoción.

Pablo


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3 respuestas

30 09 2008
Ninfa

Es que eres muy emotivo tú.
La historia se repite una y otra vez, ¿verdad? Y está visto que no aprendemos. Cambian las palabras -los eufemismos- pero las justificaciones son muy similares.

30 09 2008
óscar

Las “ideas primigenias” de un terrorista son a lo “humanitario”… Lo que yo (tocando la guitarra) soy a la música.

La plaquita de ese hotel -por lo que cuenta nuestro cronista Pablo- resulta bastante infecta. Haría la misma función que esas placas que dan nombre a una calle o a un parque, portando el nombre de un terrorista, para rendirle así homenaje… A él/ella; y a su “causa”, por supuesto.

Ay, las “causas”. Cuando alguien comienza a pregonar con las “causas” del terrorismo, lo que está insinuando -aunque no lo verbalice- es el adjetivo. Es decir: “causas (justas)”.
A modo de ilustración, os dejo tres anotaciones de un autor que siempre ha insistido en desmontar ese abyecto señuelo de las “causas”. Aludo a Arcadi Espada, y tomo las citas de su obra “El terrorismo y sus etiquetas”:

- “El doble suelo de las causas se aprecia muy bien cuando examinamos el Holocausto. Prueben a decir que el nazismo tenía sus causas. Vamos, no oigo. ¿Por qué no lo dicen?” (p. 36).

- “El énfasis sobre las causas del terrorismo es directamente proporcional a la distancia entre el lugar del terrorista y el lugar del enfático A mayor distancia de las bombas, mayor insistencia en las causas” (p. 30).

- “(…) escuchen… a ver qué les parece más causa: ¿La libertad del pueblo vasco o los trozos del hijo? Y ya no digo como causa real. Ni siquiera. Digo como causa percibida como real. ¿La libertad o los trocitos? Venga, valientes” (p. 34).

óscar s. a.

30 09 2008
urchi

y cuanto costó el café? tenía pastita? jeje yo también hago esa táctica de “pobretón” consummir lo que menos cueste en sitio caro…
mañana empiezan las clases en vuestra universidad… recuerdos!!

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