Banana Beach

24 09 2008
Banana Beach, Tel-Aviv

Banana Beach, Tel-Aviv

El nombre es lo de menos, se llama así por el hotel que tiene enfrente. Lo cual no deja de ser curioso, en un país de resonancias bíblicas. La playa en sí tampoco es nada del otro mundo. Es que una playa de aguas caldosas y sin mareas es como la leche desnatada, que sí, es leche. Pero no es lo mismo. No sé si me entienden. Si no, tampoco es para tanto. Cosas mías.

El caso es que estaba aquí sentado, contemplando la bandera deshilachada, y cómo estos judíos han convertido una playa normalucha en un paraíso turístico, cuando he pensado en que les estaba dando demasiada estopa a los judíos. Los estoy convirtiendo en los malos de la película, de tanta cera que les reparto. Y sin que esto sirva para justificar nada de lo que he escrito en días anteriores, quisiera hacer con vosotros -permitidme tutearos- un sencillo ejercicio. A cuento de la bondad, la maldad y la Historia.

Coged, plis, un puñado de azúcar. Venga, sí, en serio. Id a la cocina, y ponéoslo en la palma de la mano. Con un poco de cuidado, separad un grano. Parece ridículo, pero es posible. Y miradlo. Al principio os podéis sentir un tanto estúpidos, pero merece la pena. Apreciad cómo el grano brilla a la luz, dividido en facetas, se diría que es hasta diferente de los demás. Pues bien, ponedlo aparte. Y coged otro. Ya tienes dos. Dos granos casi diferentes, pero muy iguales. ¿Cuántos más tienes en la mano? Poco azúcar, ¿verdad? Pero si los separas en granos, uno, dos, tres, una familia, dos familias, se hace dificil contarlos. Es más sencillo decir un puñado, dos puñados, un kilo de azúcar. Pero no. Me interesan uno a uno. No ya que los mires, pero sepáralos. Y cuando tengas cinco o seis millones de granos individualizados, me avisas. Y los tiramos por la ventana. Es la Shoá.

El Holocausto no es un evento lejano, estadístico o histórico. Piensa en ti. En los que te rodean. En los que han comido contigo. En los que tocan el ratón y el teclado que estás tocando. En los que llamas familia y amigos. En los contactos del mésenger o del féisbuk. ¿Cuántos son? ¿20, 30? ¿50, quizás? ¿100, 200, todos juntos? Aún quedan muchos granos para llegar al millón. Pues todos esos, convertidos en ceniza. Líricamente, el espíritu esparcido a los vientos y derramado en las raíces de Europa. Sin poesía, más crudamente, se fueron por el sumidero directamente a las cloacas de la Historia. Sin motivo y sin razón. No hubo belleza ni heroismo en el asunto.

Los pueblos cambian, la historia -afortunadamente- no los determina. Las víctimas se pueden convertir en verdugos, y viceversa. No quiero decir que hoy los judíos exterminen palestinos. Quiero decir que cuando en los cuarenta y cincuenta llegaban barcos abarrotados a costas cercanas a estas, atrás dejaban cinco o seis millones de almas irrecuperables. Y eso hace que veas la vida con otros ojos. ¿Les da eso carta blanca para el futuro? Claro que no. Pero hace que uno comprenda el porqué -aunque no lo apruebe- de ciertos comportamientos. El apego a una tierra arisca, la lucha y la defensa de la vida, la importancia de los símbolos, como esta bandera deshilachada. En todo esto pensaba.

Ya verás. Hablo de seis millones de muertos, y voy a tener que responder a que si las playas del Mediterráneo son caldosas o no. Manda narices. Y no, no me he bañado, tenía una entrevista. Pero pienso bañarme. Y cuando lo haga, no me privaré de contarlo, con pelos y señales, caldoso o no, para que rabiéis. Ojo: seis millones, millón arriba, millón abajo.

Pablo 


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2 respuestas

25 09 2008
M.Rosa

Es difícil.

Se dice que la Historia se escribe para que no se olviden los errores cometidos y la humanidad no los vuelva a repetir.

No es facil ponerse en la piel del otro. Eso de “te acompaño en el sentimiento” es solo una frase hecha que dicen aquellos que no han pasado por la situacion de aquel al que dan el pesame, y por tanto no saben lo que siente. El que lo comprende,no dirá nada. Dará un beso, un abrazo o acercará su hombro para que te apoyes en él.

¿Esto significa que sólo los judios son capaces de entender el horror del Holocausto?

El hecho de entenderlo ¿les justifica para cometer un nuevo genocidio sobre otro pueblo, que por cierto, no fue el culpable del que ellos sufrieron?

Si es así ¿para qué sirve la Historia?

Porque en tal caso sería mejor no escribirla y que la memoria fuera fuera el olvido.

¿Se puede justficar un coche bomba, un niño bomba,una bici bomba?

¿No son los actos de los dos pueblos actos terroristas?

Ese es el dilema. Y lo que hace de momento imposible la resolución del problema. Primero hay que perdonar. Y después olvidar. Ninguna de las dos cosas son fáciles.

25 09 2008
Ninfa

Hola, pareja Picapiedra (por lo de Pedro y Pablo: ¡Wilmaaaa…!).
Aunque Pablo es el de la pluma (es un decir), entiendo que ahí está también Pedro en la experiencia compartida, y a veces me pregunto, cuando leo las reflexiones de Pablo: ¿qué piensa de esto Pedro?
Os confieso que me tenéis desbordada con los deberes. No doy abasto para llevar al día la lectura de la crónica de cada día. Y cuando abro y leo una, y otra, y otra… A veces me quedo abrumada, a veces con ganas de dedicarle más tiempo, a veces me río, a veces solo pienso, a veces escribo. Percibo mucha intensidad en todo lo que leo. Y concluyo que necesitamos más tiempo para hablar, para escucharnos, para escribirnos. Sin propósito utilitario. Y compruebo, una vez más, que por escrito nos decimos cosas que nunca diríamos de palabra. Y es una pena. Nos lo perdemos.
Infinita la capacidad del ser humano para hacerse inhumano. Infinita la capacidad de humanización. Vosotros ahora sois dos allí, visto uno por uno, como los granitos de azúcar. Allí donde se arrastra una historia de dolor y horror que se cuenta por millones, más de seis. Ojalá que cuando regreséis vosotros dos, esa tierra sea un poquito mejor, un poquito, porque habéis pasado vosotros. Ahí os va mi recuerdo y mi cariño.

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