Difícil de guardar. Que se lo digan a estas señoras. Ahora, sólo una de las puertas lleva a su casa; la otra parte de la casa la han ocupado (¿okupado?) unos “colonos” urbanos judíos. Este barrio fue edificado por el Gobierno jordano para los refugiados palestinos del 48, en colaboración con las Naciones Unidas. Desde 1957 la familia Al Kurd vive aquí. Pero en el 1967, cayó en manos judías, con la ocupación de Cisjordania y Gaza. Inmediatamente varias asociaciones reclamaron la posesión de la tierra, Eretz Israel, basándose en antiguos derechos (familias judías habían abandonado la zona, en los años 20, bajo presión árabe), y se registró de nuevo en 1972 (!) a nombre de judíos, que comenzaron a exigir el pago de alquileres.
Tras muchas reclamaciones, el Registro de la Propiedad revocó, por inconsistentes, los registros de 1972… en 2006. Más vale tarde que nunca. Pero los jueces no opinan ni opinaron lo mismo, y se cursaron órdenes de expulsión para las familias palestinas. Los colonos vendieron sus “derechos” a una empresa que planea hacer un centro comercial y 200 “unidades de asentamiento”. Como el caso es sonrojante, la Corte Suprema lo está estudiando en profundidad, sin que por el momento se lleven a cabo las expulsiones. Pero sin esperar resoluciones, un grupo de colonos forzó la cerradura de la casa de los Al Kurd un día que no había nadie, y entró a vivir. Sin embargo, la casa está dividida en dos. En la parte de la derecha quedó una niña, que llamó a los parientes, y entre todos lograron conservar la parte derecha. El cómo lo dejo a la imaginación de ustedes. Desde ese día, la familia Al Kurd hace guardia por turno, delante de la otra mitad de su casa, en el patio. Si se despistan, se quedan sin techo. Y ahora, dos notas de color (negro):
1. Hay sentencia en firme de la Corte Suprema (del 25 de febrero de 2007) para el desalojo de los colonos israelíes de la casa de la familia Al Kurd, de tan doloso que es el asunto. Pero nadie en Israel parece haberse enterado. Ni los colonos, ni la policía, ni nadie. Porque un centro comercial no parece un asentamiento, en mitad del desierto, con sus alambradas y su polvo, y sus jeeps haciendo la ronda. Pero resulta que lo es. Técnicamente lo es. E Israel tiene prohibido hacerlos. Pero los hace.
2. Les preguntamos a los Al Kurd qué tal era la relación con los vecinos, si por lo menos se saludaban. Nos dijeron que no demasiado, porque cambian cada uno o dos años. Los ojos como platos, se nos quedaron. Resulta que no es que haya un judío sin techo, que lo necesite. Resulta que para una parte del pueblo judío, el “hacer de colono” es un servicio al país. Y lo hacen durante un tiempo. Es que a nadie le gusta vivir en un barrio dejado de la mano de Dios, entre el polvo y la suciedad, sin las comodidades de la modernidad. Claro que no. Por eso la familia ocupante se turna con otras familias, otros estudiantes, otros judíos. Lo que importa no es un techo que les cobije, lo que importa es el símbolo. Es recuperar para Israel la tierra que Dios les entregó. Y el Estado, con su sistema, lo sanciona. Es legal. Hace un mes la Corte Suprema decidió que los Al Kurd deben ser desalojados (sentencia del 16 de julio de 2007). Seguro que esta sentencia se hace cumplir, no como la anterior. Paradojas de la vida, oyes.
Ahora la casa de los Al Kurd ya sólo tiene una puerta. Pero, y esto es la paradoja final, es igual de difícil de guardar.
Pablo

Madre mía! Qué crónicas!. Falto dos días a la cita con esta vuestra bitácora y tengo que recuperar con horas de sueño. Aun así merece la pena porque tengo la sensación de estar compartiendo el viaje con vosotros.
Faltan algunas perspectivas 360º y ya completamos el periplo.
Qué invento esto de los blogs!.
Nos vemos pronto.
Jezú (nunca mejor dicho) qué crónicas. Cuidao que igual te pica el gusanillo y te lías la cámara al hombro como Arturito…
Quizá la idea que tuvo ya una vez Yahvé del diluvio no estaría de más repetirla…