Este es el sitio donde vivimos P. y un servidor. Es el valle del Cedrón, en un barrio de nombre impronunciable, pero que ya decimos con una cierta dignidad a la hora de coger el sherut. Bueno, realmente no es donde la foto, es un poco más a la izquierda, allí junto a las últimas luces. La foto es del valle en sí. Por otra parte, no sé si ya habréis leido las noticias. Como no lo sé, aquí os las dejo. Y aquí. Y aquí. Un tipo al que se le cruza el cable, y tienes macedonia de sesos esparcida por la muralla, y quince heridos por el camino. Doce soldados, según entiendo. En este sitio no hay nadie libre de culpa. Porque si feos eran los de ayer, horribles son los de hoy. Al final me voy a convertir en un eurocentrista, si no lo era ya.
El caso es que esta foto, de hace unos días, la tomé a esta misma hora en la que escribo. Y a esta misma hora, hoy, tenemos un enjambre de helicópteros vigilando con focos que todo esté en calma en este barrio. Simplemente mezclad la foto de ayer con la de hoy, y añadidle banda sonora. De vez en cuando una sirena, y un jeep pasa veloz por alguna calle de las cercanías. La policía ha impedido que los judíos entren en el barrio musulmán de la ciudad vieja, a confraternizar y repartirse parabienes, y ahora controlan todos los barrios orientales, para evitar levantamientos con los ánimos caldeados. Por lo que he visto, aquí nadie tiene ganas de bronca. Simplemente, no se ha celebrado tanto el fin del ayuno como otros días. Pero la susceptibilidad está a flor de piel.
Hoy M., judío laico del Meretz, de izquierdas, nos contaba que uno de los mayores temores de la sociedad israelí es que a los judíos radicales se les ponga en la nariz hacer “algo gordo” en las Mezquitas del monte Moria (La Roca, Al-Aqsa) y el problema sea irresoluble. “¿Algo como qué, un ataque contra la cúpula dorada, explosivos en las entradas, una bomba oculta?” preguntamos. No, simplemente soltar un cerdito para que corretee por la explanada. Sólo eso. Nada más. Entonces puede ser el Armaggedon. Fácil, económico, con alto rendimiento. No me extraña que hoy, con quince heridos de por medio, todo el mundo ande con los nervios disparados.
Así que usías me perdonarán. Voy a meterme debajo de la colcha, y a lamentar mi suerte, ahora que parece que los helicópteros descansan. Mañana pondré cara de póker y diré que no me he enterado. Que estas cosas me resbalan. Que lo del cerdito es una estupidez. Pero va a ser que no.
Pablo

De todo el mundo es conocido que las colchas protegen contra el Hombre-del-Saco, los cocodrilos transgénicos y el Coco, pero de las balas y los cerditos-suicidas no sabía nada. No sé si es mejor enterarse de ciertas cosas dos días después y por el telediario (ingenuo, lo sé, pero la mar de práctico a veces) o vivirlo en las propias carnes y tener que buscar refugio bajo las mantas. De todas formas, y por si acaso, yo iría colgando un par de amuletos en la ventana que nunca están de más, y si te avisan de la llegada del Ratoncito Pérez a lo mejor te anuncian también la próximidad de un obús del ocho.
Sólo un consejo: en ciertas circunstancias, si vas a tomar el autobús y ves que tarda más de la cuenta, plantéate la posibilidad de que no esté atrapado en un atasco y ese día coje el metro… o mejor, vete andando.
Cuidaos.
E.
Realmente lo único que se me ocurre decir al leer esto es lo mismo que dice Esther. Cuidaos.
Ya se sabe que que en cuestión terrorista poco se puede prevenir. Ayer ha matado la ETA a un militar en Santoña, despues de haberlo intentado con 3 coches bomba en menos de 24 horas. Pero al menos, estos, aún avisan.