Tumbados en la mullida hierba del campus, a mediodía, el mundo parece más bonito. Pasa un helicóptero, y casi como acto reflejo, le disparas una foto. Y luego, mirándola con detenimiento (seis palas, sonda de combustible, ruedas) piensas, caray, con este cacharro no se vigila el tráfico. Venía del este, de Cisjordania. Y este trocomotor con alas se usa para lo que se usa. Y si a alguno le interesa, que se busque la vida para saberlo, y luego charlamos un rato.
Como le prometí a mi madre, persona sabia donde las haya, que no me metería en líos, no pienso contar nada de los niños llorando en el check-point, de los culatazos en el autobús, de la cara desencajada de las madres y de la rabia de los padres cuando les hacen dar la vuelta en el control, o de un cabo furriel de 19 años zarandeando a un hombre de 50, casi escupiéndole en la cara. Ni de los cuatro soldados abalanzándose sobre un viejo con fardos, gritando como iroqueses. Ni de la ametralladora pesada en una torre camuflada, enfilando la carretera que da al control, un control en una ciudad de 200.000 habitantes, que gota a gota, de uno en uno, pasan, si les dejan, al otro lado. A la nada, al desierto. Si hay suerte. Tampoco hablaré de la judía rubia muy mona con el casco ladeado, que liga con el judío también askenazí, mientras todo esto ocurre, como sin prestar atención. Y beben agua helada bajo el sol de justicia, en el control del desierto de Judea, delante de la fila de palestinos entre alambradas. En Ramadán. Sabiendo mejor que yo que esa gente no puede -literalmente, la presion social es enorme, pues eres un mal musulmán- saltarse el ayuno.
Ni debería juzgar la pregunta de aquel otro cocacolo de veinte años, M-16 con doble cargador, mientras su compañera me revisa el pasaporte, los papeles, las monedas, las llaves, el cinturón, la cámara: ”Wich is better, here or there?”. Me gustan los dos, pero Israel es mejor, le digo. “That’s the right answer”. La respuesta correcta, me suelta, con media sonrisa. Me cago en sus muelas, la cantidad de collejas que le tienen que haber caído en el cole al cuatro ojos del demonio, que a mí me trata con ironía despreciativa, pero que a los que van detrás de mí sabe Dios cómo tratará. A fin de cuentas, a mí me protege un pasaporte europeo. A los demás, nada. Y no hay un asomo de caridad en los ojos de ninguno de estos adolescentes armados. P. está demasiado pendiente del barullo que se ha formado con los soldados que agarran al viejo. Como le salte el chip e intervenga, date por jodido, Pablín, me digo. Menos mal que tenemos el teléfono del cónsul. Mi despedida, una venganza de opereta frente al right answer: “What do you want me to say in this situation?” ¿Qué quieres que te diga, si tú tienes un trabuco, el poder y la gloria, y yo tengo las manos tan llenas de cosas, en esta garita de mierda en medio del desierto, que no puedo ni sujetarme los pantalones?
Ahora, en frío, pienso que hay una gran cantidad de judíos buenos, que nos sonríen y ayudan, y se duelen de todo esto, y nos lo reconocen abiertamente. Del mismo modo que hay palestinos buenos y malos. Cuando los buenos de los dos lados se entiendan, esto tendrá solución. Si llega el día.
Cuando llegamos a Jerusalén, hace unas semanas, pregunté si podía beber agua del grifo. Me contestaron que por supuesto, y estuvimos hablando un rato del tema. Alguien sacó a colación el aforismo de que para integrarse en un sitio hay que beber la misma agua que la gente del lugar. Un ejército, como el americano en Irak, no puede integrarse si lleva el agua en bidones. Yo no sé si el agua fría que bebían los dos tortolitos vestidos de verde era del lugar o no. Pero sé que los soldados del chek-point han acertado en las formas. De pleno. Se van a integrar del todo. Ya lo verás. Espero que el resto del pueblo elegido por Dios no sea de la misma calaña. Quiero creer. Porque los demás vamos dados, en ese caso.
Pablo

A ver.
Volvemos a repetir que el número de los necios es infinito, pero aclararemos a mayores que dentro de los órganos oficiales o cualquier organización con poder, la densidad de cretinos por metro cuadrado es abrumadora, simplemente abrumadora.
Anécdota : Uno de los chicos de trece años de edad, que llevé a Canadá uno de estos años, elegido al azar, tuvo que pasar por un control de inmigración — perfectamente estúpido porque estaba claro qué éramos. Yo quise entrar con él, claro. Pasaportes españoles. Hablábamos entre nosotros en español. La oficial de aduanas, que tenía cara de ser ya abuela de chicos de la misma edad, empezó a dispararle preguntas a toda velocidad en ese sencillo inglés americano con modismos que tan fácil es de comprender, y cada vez que yo intentaba traducirle, me mandaba callar con amabilidad de rotweiler. Cuando se cansó del jueguecito, le volvió a repetir todas las preguntas del formulario en perfecto español de Argentina, con profusión de “vos”, mucho “querés” y cantidad de “sos”…
Es necesario observar que esta mujer se tenía que saber perfectamente inútil para salvaguardar la seguridad del Canadá, este chico no era el enemigo, y que estábamos allí por un mes para, esencialmente, dejar dinero. Pero el deseo de saborear el poder de marear al chico era más fuerte…
Creo que esto es algo inherente al espíritu humano : independientemente de razas y naciones, nos encanta el poder y más dominar y humillar al prójimo. Yo mismo me he cruzado a docenas con profesores de los que suspenden por prestigio, jefes que te explotan, policías de tráfico que si no tienes nada mal lo buscan, y con funcionarios como la del Canadá.Y lo mismo ocurría en la URSS, patria del socialismo, donde un funcionario decidía si te podías o no COMPRAR (nadie hablaba de regalar) un televisor. Y ninguno de estos energúmenos considera al otro un peligro real. Lo hacen solamente por jugar.
Y si de lo que hablamos es de decidir sobre la VIDA del prójimo, la cosa llega al paroxismo del placer, como se puede leer entre líneas en los libros de Historia, y como demostró Napoleón en europa, como demostraron los portugueses en Angola, los ingleses en la India, los americanos con los indios y los hutus en Rwanda …
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Cambiando esto por Israel : La gente que vive allí es la misma que fue siempre en todas partes, pero en este caso los israelíes tienen las armas y el poder, los palestinos — hasta cierto punto con razón — SI son considerados el enemigo, y la situación general permite a los israelíes no solamente hacer lo que hacen, sino hasta pensar que están haciendo lo justo y lo necesario. Y desde luego que lo están haciendo bien.
Lo demás cae de su propio peso.
La pregunta del cocacolo de 19 años es de libro, hecha con intención inequívoca, y algunas escenas que describes, como la de los culatazos en el vagón de ganado ( ooopppsssss, vaya lapsus, quise decir en el bus – los vagones de ganado los usaban los nazis ), o los mocetones aplastando al anciano y los otros dos ligando ausentes de todo, recuerdan mucho al guetto de Varsovia, pero, paradojas de la Historia, con los papeles cambiados…
Por otra oparte no me cabe duda que esto exactamente es lo que los árabes hubiesen hecho con los judíos de haber tenido ocasión y medios…
Lo que demuestra una vez más que el aforismo de “homo homini lupus” sigue tan vigente como en el día que la enunció Tito Marcio.