Cargados de razones

17 09 2008
Jerusalén desde Getsemani

Jerusalén subiendo desde Getsemaní

Esta era la vista de nuestro paseo nocturno: Jerusalén, la que siempre se ha tomado por la fuerza. Jerusalén, la que ha sido una y otra vez destruida hasta sus cimientos. Hoy hablábamos con A., judío, excombatiente de los Seis Días, sobre la situación en Israel y Palestina: “no puedes vivir con miedo. Si tienes miedo de una cosa, tendrás miedo de muchas otras. Y hay una distancia realmente corta entre el miedo y la locura”.

Sobre la mesa teníamos informes de diferentes organizaciones de derechos humanos, que certificaban varios hechos sangrientos, a manos de militares y policías israelíes. En concreto, una carta del director de una agencia, que enviaba su informe, chorreante de sangre y barbaridades cometidas por las fuerzas armadas hebreas en el año que va de septiembre de 2001 a septiembre de 2002, al gabinete de comunicación del Ejército Israelí, para ver qué respondían antes de la publicación. La respuesta, mesurada y correcta, que incluso lamentaba los hechos, se centraba en dar las razones y motivos de esta actuación.

Razones y motivos válidos en nuestra mente occidental -salvo que uno sea tremendamente partidista, ingenuamente idealista o ambas cosas a la vez- pero que llevan, en casos extremos, a saltarse olímpicamente los derechos fundamentales. Y a las consecuentes barbaridades. Por ejemplo, la mejor manera de evitar que un terrorista se inmole voluntariamente y que involuntariamente tú te vayas con él, es disparar: un terrorista detenido por una bala del 12.7, con la cabeza abierta como un melón. La imagen es tan dura que no me he atrevido a ponerla. Si tu curiosidad morbosa te puede, después de saber lo que es, mira aquí. Pero no me pidas luego responsabilidades.

Según nuestros valores, un policía occidental advertiría, luego tiraría al aire y por último (ojo, por último, insisto) a una pierna. Pero aquí no nos valen los arquetipos, los deseos, ni nuestros valores; se juega con diferentes barajas. La cuestión es doble. No sólo dónde disparar, sino previamente qué ha pasado para que este tipo, con familia, con sentimientos, con vida, decida optar por el daño, por la muerte, por el odio; y en unos segundos de supuesta gloria, se lleve todo lo que tiene alrededor por delante. ¿Qué ha pasado? No poco, a fe. Y ahí están los libros, para enterarse de la historia de dolor de esta tierra, de gente que es mitad buena y mitad mala. Quizás el problema estriba en que no hay un malvado claro, absoluto, total. No hay un Hitler, un Herodes, un doctor Moriarty. Aquí, todas las partes están cargadas de razones. 

Y por último, permitidme un macabro juego, el de remover conciencias: ¿a dónde dispararías tú? Ponte en situación, no me vale la respuesta de libro o la negación de que eso no pasa. Él viene corriendo. Tú le has robado la tierra, es cierto. Pero, ¿mereces morir? ¿Y si la tierra se la robó tu abuelo, eres igual de culpable? O peor aún, los inocentes de alrededor, ¿merecen morir? Yo no lo sé. Aún le estoy dando vueltas, sin que quiera asumir que posiblemente le disparase a la cabeza. Con la degradación moral que produce sólo el confesarlo en frío, en blanco sobre negro, con la distancia cómoda de saber que no me pasará. Pero quema por dentro el que mis valores absolutos, ilustrados, kantianos, pueden llegar a dejar paso al mero instinto. En los breves instantes que median entre la carrera, el silencio y la explosión no caben talante, diálogo de civilizaciones ni leches en vinagre. Eso sólo vale para quedar bien en clase. En el cómodo occidente. Si alguien quiere ver crítica política, que la vea. Lo es. Y aquí la pregunta no es metafísica. No me contestéis, pero mascadlo para vosotros, cual amargo regalo. ¿A dónde le dispararías?

Pablo


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10 respuestas

18 09 2008
Willie

Qué podemos agregar.
Como alguien dijo más abajo, el número de los necios ( = ne+scio, que no sabe, ignorante ) es infinito, e ignorar el valor de la vida del prójimo es la ignorancia absoluta, y esto vale para todo el mundo.

Qué más podemos agregar.
Que si bien los (soldados) judíos no son frailes franciscanos, no se puede pretender que los (terroristas) palestinos sean carmelitas de la caridad.
Y donde las dan las toman.
Pero volvemos al punto anterior.l

Y ya puestos podemos agregar también que Israel fue invadido por los árabes por TRES fronteras distintas al día SIGUIENTE de su independencia (1948), con ánimo de que los judíos se quedasen a vivir cómodamente instalados en el fondo del Mediterráneo…
Pero claro, dieron con emigrantes desarraigados, pero que eran veteranos de los guettos de Varsovia, de Lodz y de Cracovia, y de los campos de Auschwitz, de Buchenwald, de Treblinka y de Sobidor; que habían visto morir a sus padres delante de ellos y que habían enterrado a sus propios hijos; que estaban acostumbrados a enfrentarse a los nazis con las manos desnudas — y normalmente atadas a la espalda, a ver si nos entendemos — y que , en fin, tenían ahora una patria ( cedida por la ONU, zonas judías y palestinas diferenciadas !!! ), ganas de defenderla y un fusil para hacerlo.
Y a ver qué lobo feroz se come a semejantes ovejitas.

De modo que por romper una lanza por los nietos de los veteranos de Auschwitz, se me ocurre que una cultura harto reconocida por su tolerancia y buenas maneras como fue siempre la islámica se dedicó a sembrar viento, y se queja ahora de cosechar un temporal.

Creo que se ha puesto de moda emocionarse con los palestinos — olvidando, eso sí, Septiembre Negro, las olimpiadas de Munich y a quién debemos los arcos detectores en los aeropuertos –, y para variar podían seguir todos el ejemplo de Egipto, y a lo mejor también los judíos empezaban a hablar en otro idioma.

Una reflexión como otra.

18 09 2008
óscar

Querido webmáster:

Antes de entrar en otras cuestiones del comentario, me parece percibir una contradicción. Puede que se deba a mi mal entendimiento. La expreso aquí para intentar salir de dudas.

Por un parte se indica: “Razones y motivos válidos en nuestra mente occidental (…) pero que llevan, en casos extremos, a saltarse olímpicamente los derechos fundamentales”.
Por otra: “Según nuestros valores, un policía occidental advertiría, luego tiraría al aire y por último (ojo, por último, insisto) a una pierna”.

Es decir. Por un lado, se da a entender que esa evocada “mente occidental” transige con la olímpica violación de derechos fundamentales; mientras por que por otro -se desprende- en ese mismo mundo se es tan sumamente pulcro y cauteloso con las formas, que el aludido “policía occidental” primero advertiría, luego dispararía al aire y por último, sólo como opción ineludible, lo haría sobre la pierna.

En fin. Se me plantean -sobre el post de hoy- algunas otras preguntas u observaciones. Aunque ahora mismo tengo que marcharme, si a lo largo de la tarde tengo un rato, volveré a entrar a este estupendo blog, para dar un poco la tabarra.

Abrazos,
óscar s. a.

18 09 2008
Pablo

Queridos Willie, Óscar, cualquiera de los dos sería feliz aquí, con los ojos como platos, escuchando, sintiendo y filosofando luego. Me he agenciado un par de libros, que devorarás deleitoso, Willie, en la herética lengua de xéspir, pero eso a ti no te importa, sobre estos temas que te (nos) apasionan.

Y en cuanto a lo otro, Óscar, preciso, porque quizás me expliqué mal: el poli actúa con nuestros valores, de respeto a la vida como bien absoluto. Nosotros actuaríamos igual… en la misma situación. ¿Los judíos no tienen la vida como valor absoluto? Sí, comparten nuestro sistema, con sus matices, pero el mismo. Esto nos lleva a la manida cuestión del mal menor. ¿Mato a uno para evitar la muerte de cien? Sobre el papel, claro que no. Dialogo, razono, reinserto. Así funciona nuestro sistema, con sus fallos, por supuesto. Pero funciona. Las dos partes asumen los mismos valores, y la parte desviada vuelve al redil.

Lo amargo es que la situación aquí hace que debas priorizar la vida de unos (la familia, los de Cáceres, los calvos) sobre otros (los bigotudos, los de Bilbao, los palestinos), porque el otro no comparte tu escala de valores y se te va a inmolar en tus narices. No tiene redil al que volver. La situación es extrema, la respuesta es (e incluso debe ser) extrema. Hasta ahí la expositio.

Y la reflexión consecuente: lo trágico es que esto, que parece extrañísimo, no es tan raro. No cambia el sistema. Cambian los condicionantes. Puede que los judíos no sean tan occidentales como creemos y como creen. Pero lo que me hace desconfiar que la razón no está ahí, y que ya no es trágico sino verdaderamente doloroso, es que todos nosotros, imagino, occidentales de carnét, podríamos llegar a priorizar nuestra vida sobre la del otro. En situaciones extremas, por supuesto. Si este cambio llega en un contexto normal, es que eres un psicópata. Pero en un momento excepcional, yo creo que desgraciadamente nosotros, el poli occidental incluido, llegaríamos a lo inimaginable… sin dejar de ser occidentales. Lo cual es doble pecado.

No sé si he abierto la caja de Pandora con todo esto. Necesito terceras opiniones. ¡Auxilio!

18 09 2008
óscar

Agradezco la respuesta, Pablo. Pero el policía -ése al que le hemos apellidado occidental- también dispararía cuando un terrorista va a volar un autobús, y el disparo a la cabeza es la única opción para que el fulano asesino no realice su hazaña.
¿Haría bien el policía? Considero que sí. Sin duda alguna. ¿Quiere eso decir que no creo en el Estado de Derecho? Pues habrá gente que así lo piense, pero mi convicción es otra. Precisamente porque creo en el Estado de Derecho, no estoy dispuesto a infantilizarlo.

El Estado de Derecho tiene sus reglas y marca sus límites. El Estado de Derecho tiene también sus mecanismos de defensa y protección.
Hay personas que dicen desentenderse del sistema democrático (y apuestan por repugnantes regímenes totalitarios de uno u otro signo), porque creen que así hay más fortaleza frente a “los malos”. Creo que están equivocados. En una tiranía (infecta por definición) lo que hay es más arbitrariedad, lo que hay es más excesos, lo que hay es más abuso.
Pero el sistema democrático -un Estado de Derecho bien engrasado y que merezca llevar tal nombre- no tiene por qué ser asociado a la debilidad ni a la tibieza.

En un Estado de Derecho, al sanguinario terrorista que iba a entrar en el autobús envuelto en explosivos, si se le ha podido detener previamente… Pues será tratado con todas las garantías procesales, y tendrá un abogado que pueda defenderle, y será juzgado con el respeto y miramiento al que tiene derecho. Si es un Estado de Derecho… así será.
Es decir: no le van a detener de cualquier forma; no le van a condenar sin pruebas; no le van a interrogar colocándole palillos entre las uñas o haciéndole `la bañera´, etc, etc.

Sin embargo, si no ha existido ese momento previo como para detenerle y ponerle a disposición judicial; si el asesino está ya a punto de llevar a cabo su sangría… La respuesta conlleva lo que conlleva.
Un Estado de Derecho que así pueda considerarse, vigilará que ese disparo no ha sido un mero capricho policial; y en modo alguno legitimará que cada dos por tres, de forma injustificada y gratuita, se estén produciendo disparos de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad. Por supuestísimo.

Pero dicho esto (con el cumplimiento máximo de la ley y de todas las garantías procesales y constitucionales), creo que no podemos entender que se violan “derechos”… de quien no los tiene.
El asesino -incluso el más sanguinario- seguirá disponiendo de unos derechos que le asisten (por eso el derecho a la defensa, y por eso el derecho a un juicio justo, y por eso el derecho a ser tratado con dignidad en la cárcel una vez que haya sido condenado…). Pero NO TIENE EL DERECHO A MATAR. Cuando se le está impiendo subir al autobús con ese tiro -como única, y última, y triste medida- no podemos engañarnos haciendo creer que se le está quitando su derecho a “expresarse” o su derecho a “moverse sin cortapisas ni restricciones”.

En fin. Se me ocurren algunos ejemplos de otros ámbitos y terrenos que quizá podrían ilustrar algo mejor todo esto. Pero creo que el comentario ya ha sido suficientemente extenso… Y aquí ha de quedar.

óscar s. a.

18 09 2008
Michael Angel

Debo confesar que (tal vez me ocurra como a Óscar) no entiendo del todo el contenido de este post. Y por eso le agradezco mucho a P. que nos lo proporcione (me encantan los retos intelectuales). –Por cierto, aprovecho para hacer publicidad del comentario que he metido en el post de ayer, no sea que se le pase a la peña debido a esa costumbre tan periodística de leerse sólo lo del ultimísimo día–.

Pero vamos con el post de hoy. Tal vez el origen de mi perplejidad se cifre en el hecho de que percibo en él una dosis considerable, abultada, desbordante de escrúpulos morales. Y siempre me pasa lo mismo con los escrúpulos morales: que no los entiendo. (“Escrúpulo” es una palabra que viene del vocablo latino que significa “piedrecilla”. Aclaro que un escrúpulo moral se parece a la auténtica ética lo mismo que una piedrecilla a una estatua hecha y derecha: no sólo son diferentes, sino que tener la primera oprimiéndonos el pie dificulta la vivencia –y la construcción– de la segunda).

No voy a entrar (y los que me conozcáis me creeréis si os digo que tengo que hacer un esfuerzo) en la referencia elogiosa a Kant, ese señor que consideraba que hacer un favor a un amigo no es éticamente valioso –pero, sin embargo, contarle a un asesino, si nos lo pregunta, dónde está su víctima, sí que lo es.

Voy a responder simplemente a la pregunta planteada. Veo a un asesino que se dispone a asesinar a un buen número de personas. Tengo la ocasión de detenerlo, pero no “dialogando” con él (¿de veras el mero “diálogo” ha frenado alguna vez a algún asesino pillado “in fraganti”? No sé, tengo dificultades para encontrar un ejemplo histórico de pareja tesis –tal vez sea culpa mía, que no debí de estudiar todo lo aplicadamente que habría sido necesario la asignatura de Educación para la Ciudadanía–). Y bien, si mi único modo de detener a un asesino inminente es descerrajarle un tiro en la cabeza, ¿lo haría? Respuesta: ¡Por supuesto que sí! Es más (lo mío debe de ser muy, muy grave, sobre todo si se me compara con el ínclito ministro español de Defensa que decía que prefería “ser matado que matar”): no sólo yo le dispararía donde fuera más eficaz sin escrúpulo moral alguno por mi parte, sino que creo que mi acción sería la más digna posible. (Lo cual no significa que me gustara hacerlo. También es digno hacerle la respiración boca a boca a un mendigo que se asfixia, aunque emotivamente nos pueda parecer un acto algo nauseabundo). Y como creo que mi acción sería la más éticamente digna posible, por eso mismo se la exigiría a cualquiera (policías, for example) a quien le haya delegado el uso de las armas para mi protección. –Es más, si ellos no están dispuestos a llevar a cabo esta acción, que me lo digan cuanto antes, para que me acoja yo a la Segunda Enmienda–.

Diré más. Me resulta tan rara la idea de que alguien no considere lo más natural del mundo el descerrajarle un tiro (si esa es la única forma de frenarlo) a ese asesino inminente… que sólo puedo preguntarme qué tipo de cultura (o civilización, o religión, o lo que sea) crea una idea tan rara en la cabeza de algunos de sus habitantes.

Todo esto me recuerda la magnífica película “El hombre que mató a Liberty Valance”, que propongo desde aquí para nuestra próxima tenida cinematográfico-intelectual. El hecho de que el director de tal filme, John Ford, famoso sostén del Partido Demócrata en los EE.UU., sea considerado por muchos como una especie de monstruo etnocéntrico, fascista y pro Bush (a pesar de que tuvo la prudencia de fallecer en 1973, cuando Bush sólo tenía 27 añitos), creo que dice mucho del despiste de esos muchos, y nada de la honda intuición moral de Ford, el gran Ford.

18 09 2008
Pablo

Querido Óscar:

Cuando más adelante publiquen nuestras epístolas, a modo de correspondencia dieciochesca, espero que repartamos los réditos. Sólo un matiz, que es el que no llego a explicar, por lo visto (y con el debido respeto, vaya por delante):

El caso que planteas, que es el mismo que planteo, el del terrorista, es precisamente la enorme carga de razón (razón acorde al derecho y al sentido común, como bien decimos los dos) que tienen los judíos para cada vez que ven a un palestino correr, pegarle un tiro. Por si acaso. Porque el derecho les asiste. Porque más vale que muera uno que un autobús entero. Pero la situación, no el cambio de valores, la situación hace que lo mismo el palestino corriera porque perdía el bus. Y luego no hay juez que me lo arregle, ni años de cárcel para el soldado que mató a su conciudadano en vez de al terrorista. Eso es la escala de valores aplicada a un caso extremo. Y como se ve, acaba en barbaridad. Y de esas, aquí, a decenas.

Aquí, en Jerusalén este -a modo de nota anecdótica pero bien ilustrativa- no hay policía municipal, hay policía militar, o directamente Ejército. Y estos fulanitos llevan el M-16 al hombro, como todo militar. Pero no por la parte de atrás, y apuntando al cielo, como estamos acostumbrados. No. Lo llevan por delante, apuntando al suelo, con la mano en el cerrojo. Por si acaso. Y mi drama es que si yo fuera ese soldado (porque a uno no lo nacen donde quiere), posiblemente llevara también el fusil así y lo disparara sin miramientos.

En resumen, yo admito que le dispararía al terrorista. Tú me das la base legal, que me ampara… si acierto. Cuando aquí matan a un terrorista, casi toda la población respira aliviada. Salvo cuatro radicales, que por cierto, nunca se mojan. El problema viene cuando, escudados en ese “por si acaso”, se equivocan. Y la gente se muere sin saber cómo. Todavía hoy no han encontrado a los culpables, ni obviamente han sido juzgados. Gravísimo error del Estado de Israel, más allá de la culpabilidad primigenia. Si estamos de acuerdo, Oscar. Realmente, mi miedo, mi pánico, es que creo que cualquiera de nosotros, en esta situación, dispararía sin ton ni son. Y el Estado de Derecho, la Justicia y los Valores Occidentales a freir patatillas, en un pispás.

Y te cedo el turno para la coda.

Un abrazo,

Pablo

19 09 2008
mcachis

Sí, sí, yo creo que tiraría también. Y creo que en este caso concreto, fuera yo o Paco “el poli”, de haber disparado a uno con explosivos que va a entrar en el bus, yo diría que bien echo está. No es que entre en el respeto a la vida ni nada de eso. La vida por encima de todo. Lo jodido es que estamos en un sistema (el famoso sistema o el estado de derecho ese) en el que si siete Rumanos se te meten en casa con pistolas para darte las del pulpo a ti, a violar a tu señora y a tus hijas, sacas la del nueve y metes un par de cartuchazos a uno de ellos, es más fácil que ellos salgan de rositas que tú por esa cosa de la desproporción de la fuerza. Y a la puta carcel. Imágina que a Paco siquiera se le pasa eso por la cabeza en esa situación… Y si le mato… a lo mejor llegan los feministos de turno a liarmela…
sinceramente no se me ocurre que eso pase en Israel… Desgraciadamente (o quizá porque tienen algo más de criterio) como alguien dijo antes. Si un soldao mata a ese del chaleco todos respiran aliviados…
No se si viene al caso, a mi también me queda muy grande el asunto. Pero quizá, sí dispararía.

19 09 2008
Pablo

Mc Achis, Michael Angel, estoy de acuerdo con vosotros, aunque por el peloteo epistolar parezca lo contrario. La única idea que intentaba transmitir es que este sitio está lleno de hijos de puta con el gatillo fácil, y todos llenos de razones a manos llenas. 3000 muertos en tres años. 21 en lo que va de mes (estos todos palestinos), según la Oficina de Ayuda Humanitaria de la ONU en Jerusalen. Y que vosotros, yo, con más o menos escrúpulos, con la misma formación en valores, con la misma claridad de ideas respecto al Estado de Derecho y a la Justicia, podríamos disparar a inocentes. Y eso sí que provoca escrúpulos post mortem.

19 09 2008
willie

Yo — que creo que todas las vidas valen lo mismo porque proceden de Dios que las tiene en Sí y las da a quien le place — soy mercantilistamente partidario de vidas al por mayor, sin entrar en observaciones ni ventas al detall, de modo que entre salvar una ( la del terrorista ) y salvar quince ( las de los que pasaban por allí ), me quedo con las quince, y sin hacerme muchas preguntas.

Sobre a dónde tiraría, creo que cae por su propio peso si nos paramos a considerar la metodología del asunto : es necesario pararle los pies al elemento ANTES de que le dé tiempo de tirar de la anilla y cargarse a los quince, de modo que dependiendo de la puntería de cada uno, es necesario tirar de forma que garantice que el interesado quede quieto en el acto. Y por desgracia nada más.

Y al parecer el soldado judío tenía buena puntería, y el otro efectivamente quedó quieto en el acto, y no tuvo tiempo de tirar de la anilla. Me da en la nariz que no fue nada personal, sino tristemente simplemente cuestión de eficacia.

Lo que sí me quita el sueño es pensar en el tipo de fanatismo lleva a estas situaciones, y en el dolor de la madre del elemento al verle tirado en la calle de esta manera…

19 09 2008
Ninfa

Queridos queridos:
Disculpad que entre con retraso. (Eso de no entrar a diario hace que pierda uno la comba).
¿Dispararía yo? ¿Dónde? : Si tengo que salvar a un autobús de niños (o de adultos), y no tengo otro medio posible de frenar al asesino, quisiera ser capaz de disparar… a donde hiciera falta con tal de frenarle. A donde hiciera falta. Por más que me horrorizase. Lo que no sé es si tendría valor de apretar el gatillo, pero quisiera ser capaz de hacerlo, aun sabiendo que es un horror. Lo que no haría jamás por propia iniciativa, lo haría -o quisiera hacerlo-por defender lo que de otro modo no podría frenar. Es “defensa propia”… del que tengo al lado. Supongo que después me moriría del espanto, pero me moriría dos veces si no fuese capaz de hacer algo. En el caso del policía, con doble motivo: es su obligación para defender a una sociedad que si renuncia a la fuerza es porque, en un estado de derecho, deposita la confianza de la defensa, y el monopolio de la fuerza, en quien está legitimado con la ley. Eso sí, con al esperanza de que funcione la ley, y la justicia y el equilibrio de las fuerzas y cuerpos de seguridad, y… Lo que es inhumano es tener que plantearse esto. Pero es que hemos hecho, o permitido, un mundo que se deshumaniza. Es terrible la infinita capacidad que tenemos los humanos de hacernos inhumanos. Pero es reconfortante saber que también tenemos la capacidad infinita de buscar el bien, y la verdad, y la belleza. Hay quienes lo hacen. Luego… se puede. También en la frontera entre Israel y Palestina.

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