Elección sencilla, opción difícil

14 09 2008
A Cross in the Wall

La Exaltación de la Cruz. Barrio cristiano, ciudad vieja.

El caso es que este domingo ha sido el día de la Santa Cruz. Mientras todos los habitantes de esta ciudad iban a sus trabajos, empezando la semana, unos cuantos cristianos se juntaban en el Santo Sepulcro, para acudir a misa. Los católicos, arrebolados entre incienso y devotos empujones, en una pequeña capilla junto al Gólgota. Por allí estábamos, buscando una escalera de mármol frío, donde rumiar a solas el misterio, en una soledad extraña, rodeado de ajenos que las circunstancias convierten de pronto en hermanos. Misterios pentecostales, supongo. Misa en latín, fragmentos en español, inglés, italiano. Turistas en trance, monjas serenas con mucha vida a cuestas para tan jóvenes ojos, frailes que oran de rodillas, peregrinos de verdad y de los de cámara de fotos y a otra cosa, mariposa. Y el órgano atronando, reverberando en mis suelas de goma, como marcando el espacio frente a ortodoxos, drusos, coptos, grecolatinos y tantos otros primos hermanos, que miran la adoración del Lignum Crucis entre respetuosos, ofendidos y despreciativos. A fin de cuentas, “somos lo mismo, pero no”.

Pensaba que vendría a cuento la foto de una cruz. Cómo no. ¡Si será por fotos de cruces, a mí, y en esta ciudad! ¡Si las hay a cientos! Una en especial quería poner en este blog cuando de divina materia hablara. Y eso pensaba hacer hoy. Una foto preciosa. Cielo azul cobalto, cruz de hierro forjado negro, perfectamente definida, sobria, con unas copas verdes difuminadas al fondo. La típica foto que le gustaría a N. para poner en su revista, como portada. Seria, de colores vivos. Y además, con significado: de la Iglesia de Santa Ana, barrio musulmán, Jerusalén, Ciudad Vieja. Pero lo siento, N. La foto de hoy lo mismo no te sirve.

Conocimos a un franciscano, A., en la Custodia de los Santos Lugares, que hablaba en plural (“Cuando llegamos aquí en 1300…”) y se ofreció a pasear con nosotros, a contarnos batallitas y cruentas guerras también. El barrio cristiano no es lo que se puede creer. Los palestinos cristianos son la escoria de esta sociedad. Son o bien apóstatas, para los musulmanes, o árabes bautizados (pero árabes) para los judíos. La droga ha clavado sus uñas en este barrio degradado, la pobreza es endémica; los franciscanos han construido 492 casas, de su bolsillo, pero no llegan. Al hermano A. lo saludan por la calle con devoción. Nos invitan a sus casas, a tomar zumo helado, fruta, pastelillos, porque vamos con Abú A., el Padre A.

Acostumbrados a miradas hoscas, desconfianza o risas a nuestras espaldas, esta experiencia nos enseña un mundo nuevo. Por eso cuando llegamos a esta placita, y A. nos habla de las dificultades de ser un cristiano en Tierra Santa (obviamente, no un cristiano yanqui o europeo, sino palestino), donde la cruz no significa un fiestorro obsceno para celebrar cada sacramento, sino que es una opción que te marca socialmente,  entonces descubro que esa pintada en la pared -”Muera el Dépor, Viva la UDS, España Blanca o Fuerza CNT”- esa cruz a modo de grafiti, tiene más valor que la perfecta foto que tenía pensado poner aquí. Posiblemente debajo, en árabe, hable de fútbol local, amores desgraciados o sentimientos políticos. Pero alguien ha dejado toda una declaración de intenciones en esa pintada. Esa cruz, esa opción, esa publicidad, expresa mucho mejor lo que mi preciosa foto podría haber dicho. Y como me han ganado en buena lid y no soy mal perdedor, aquí os la dejo. Fue fácil elegir la foto. Lo difícil es elegir la opción.

Pablo


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Un comentario

15 09 2008
Michael Angel

Tras viajes de retorno y jet lags, hoy me actualizo con las últimas tres entradas de este blog (más sus comentarios)… y compruebo como la cosa va poniendo exponencialmente más y más interesante.

Eso sí, como soy de un tiquismiquis que, a mi lado, los judíos del barrio ultraortodoxo se quedan en cosmopolitones despreocupados, debo hacer una matización para lidiar por el buen nombre de mi querida postmodernidad, que en mi opinión ha quedado mancillado con algo de lo que sobre ella aquí nos ha dicho P. (Y digo yo: ¿por qué este esfuerzo en hablar con iniciales, si todos sabemos quiénes somos?).

Veamos: P. atribuye a la postmodernidad, o considera “postmoderna”, la idea de que alguien robara el cuerpo desaparecido de la tumba de J.C. (puestos a hablar con iniciales, aquí habrá de portarlas todo Dios –nunca mejor dicho, je, je: compruébese lo gracioso que he vuelto de Boston).

En realidad, ese argumento (“los cristianos han robado el cuerpo”) es una idea que ya se recoge desde el principio (o sea, desde el siglo I) en la justificación judía de lo sucedido. De hecho, parece razonable que ese argumento sea lo que explique que en Mateo 27, 62-66 el redactor del evangelio pretenda poner narrativamente “la venda antes de la herida”, y deje muy clarito que era imposible robar el cuerpo (pues, arguye, había guardias armados a su puerta) justo antes de tal evangelista vaya a relatar la resurrección (que subsigue, ya en el capítulo 28, a los versículos recién citados). Es de reseñar que el resto de los evangelios sinópticos no muestran ningún pasaje parecido (y Juan, como siempre, va a su aire), con lo que Mateo debía de tener razones muy especiales para contar precisamente eso de la guardia de la tumba. Cuando pensamos que el evangelio de Mateo está escrito pensando sobre todo en los cristianos que habitan en ambientes judíos… se cierra el círculo de por qué le hacía falta contar tal cosa: para tapar la boca de los judíos que iban a usar tal argumento (y, quién sabe, tal vez también iban a escupir al suelo).

Bueno, me despido una vez lavado el buen nombre de mi postmodernidad querida (aunque ese lavado haya ido a costa de los pobres judíos, siempre ejerciendo de chivos expiatorios los pobres…)

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