Desprecio

13 09 2008

Mediodia de Sabbath cerca de la puerta de Jaffa

Mediodía de Sabbath cerca de la puerta de Jaffa

 ¿Desprecio? ¿Por qué desprecio? ¿Y qué tiene que ver con estas niñas tan simpáticas? Hoy ha sido, como tantos otros, un día de contrastes descarnados. P y un servidor, tras haber comprado en el zoco un par de tortas de falafel y un pastelillo, con litro y medio de agua (quince shekels, dos euros todo), nos sentamos en una sombra cerca de esta fuente. Una chica con sus niñas llegó a la misma sombra, sonrisas educadas, nos hacemos a un lado, compartimos el lugar. Las niñas se descalzan, y tímidamente meten los pies en el agua. Hace calor. Se salpican. Ante la escena, saco la cámara, pregunto (siempre preguntar en el caso de niñas pequeñas) y la chica, que no sabe inglés pero lo pilla a la primera, hace un amplio gesto de aprobación, con una sonrisa. Y durante unos minutos, las niñas posan, juegan, se empujan con más intensidad ante el objetivo. P y la chica, a mis espaldas, se ríen. Nos despedimos en una mezcolanza de lenguas, no hay cruce de correos electrónicos, abrazos emotivos, ni falta que hace. Ha sido un momento de regalo. Que aquí se queda inmortalizado. Sin mayores pretensiones.

A última hora de la tarde, el contraste. Pasamos por Mea Shearim, barrio ultraortodoxo, poblado por estudiosos de los libros sagrados, que no tienen otra ocupación, y que reciben subsidio del Estado por ello. Sabemos que no somos bienvenidos, por gentiles. Entre levitas, gorros ceremoniales y niños con tirabuzones, teñido todo de riguroso negro (el tráfico está cortado aquí el Sabbath, las noticias llegan mediante voceros), mi camiseta gris desentona casi como si fuera fosforita. Dos chavales de no más de doce años escupen a la vez en una esquina, mientras nos miran. Casualidades de la vida, piensa uno. Qué mala pata, que le haga cosquillas un gargajo cuando voy a pasar. Y más a los dos a la vez. Más adelante, un grupo familiar. Tíos y sobrinos, suponemos. Y todos los tiernos infantes escupen, con amplia gestualidad (“sobreactuando”, que diría un crítico de cine) mirando en nuestra dirección. Algún adulto también. Y tras semejante panoplia de argumentos, se oyen voces, que sin saber hebreo averiguas que son del estilo de “muy bien, chavales, la próxima vez, mejor y más lejos. Con contenido”. Más allá de que sólo ofende quien puede, y de la primera reacción, que es la de hacerles recoger lo que han soltado; e incluso de algún pensamiento liso y sencillo, demasiado sencillo y muy macabro, se impone la reflexión. El Desprecio. ¿Qué conexión se les ha soltado en el cerebro a estos judíos para adoctrinar a sus criaturas en el más profundo desprecio por lo diferente? Porque no escupían por purificar el espacio que nosotros, gentiles, violábamos. Escupían a la más íntima razón de nuestro ser, a lo que éramos. Diferentes. Los otros. Si Israel tiene algún futuro, está en los hombres de buena voluntad. En quienes aceptan al otro. En las niñas de la foto, judías también, que regalan sonrisas y juegos, a cambio de nada. En su madre, que sin entender nada participa de la alegría. Y a mi Dios le rezo, con la sangre todavía hirviendo, para que jamás pierdan la inocencia, ni ningún malnacido les escupa a su paso.

Pablo


Acciones

Información

4 respuestas

14 09 2008
óscar

“¿Qué conexión se les ha soltado en el cerebro a estos judíos para adoctrinar a sus criaturas en el más profundo desprecio por lo diferente?”
Va de suyo que donde dice “judíos” podríamos estar ubicando un amplio abanico de variantes: creencias religiosas y políticas, sentimientos identitarios, etnicistas y de “errehache”. El comentario que sigue continuaría siendo el mismo.

El adoctrinamiento integrista es el gran nexo común. No entre religiones, ideologías o identidades. Sino entre esos círculos fanatizados y macarras que controlan parte de ellas; que tienen capacidad de mando o influencia para difundirlas (e inculcarlas) con sus odios y sectarios prejuicios.
Como es obvio, pues, no hablo de educación. Me estoy refiriendo, simplemente, al adoctrinamiento talibán en nombre de un Quien, un Algo o un Somos… Cuando todo ello pasa a ser, hasta la nausea, sobredimensionado e impuesto; cuando todo ello se muestra coactivo y segregador hacia el que no es o no pertenece; cuando todo ello, por supuesto, acaba desvirtuando cuanto de valioso pudiera haber en aquello que se dice abanderar.
Por eso he intentado discernir entre educación y adoctrinamiento fundamentalista. Ante todos esos salvaguardas de supuestas e instrumentalizadas Esencias… me sumo al hondo desprecio.

óscar s. a.

14 09 2008
Esther

La tolerancia se ha convertido en una palabra vacía, que esgrimen políticos y medios de comunicación como si de un arma se tratara. Lo mismo le ha ocurrido a xenofobia, racismo, solidaridad y talante, como el de ZP, conservado en almíbar para que dure más. Y así, como le pasa a todo buen cliché, uno se olvida de lo que de verdad significa ser tolerante o de cómo se lucha contra el racismo o de que no se puede tener “talante” a secas, sin adjetivo que lo defina. Por muy chulo que quede en el telediario.
Yo me habría acercado a los escupidores ultraortodoxos, con una sonrisa en los labios, para preguntarles con toda mi inocencia si les apetecía una pastilla juanola. O su equivalente kosher. Que no hay que herir sensibilidades. Y si después de esquivar la respuesta, o de bajar la cabeza y mirar para otro lado, que pobablemente es lo que harían si aún les queda algo de vergüenza, hubiese seguido mi camino tras recomendarles vivamente una atenta lectura del diccionario. Que falta les hace.

14 09 2008
Salitre

Gracias por avisar de la existencia del blog. Un gusto descubrir entre tanta cadena absurda (tengo primos adolescentes), propaganda de vuelos (lo de volver a casa está caro) y actualizaciones del facebook un espacio que merezca ser leído con detenimiento… Y me lo acabo de leer entero por orden cronológico y esta entrada me ha hecho saltar las lágrimas de emoción y de rabia, una mezcla que suele afectarme al lacrimal.
Besos desde el Sur

17 09 2008
Willie

Esto es la confirmación física de la veracidad del proverbio de la Escritura que dice que “stultorum infinitus est numerus” — el número de los necios es infinito.

Y de paso, ocasión perdida para darse la vuelta y decirles como de pasada, en voz firme, alta y clara, en su propio idioma, con sus propias armas y municiones, con su propio LIBRO, “Shema Ysrael, Adonai elohenu, Adonai ehad” — “escucha Israel, el Señor es nuestro Dios, sólo UNO es el Señor”, que es una cita que estos simpáticos y entrañables ortodoxos repiten continuamente, pero que al parecer todavía no han alcanzado a entender –
y darles motivo de reflexión para ese Sabbath.

Si es que no se os puede dejar solos…

Deja un comentario