La vida en Jerusalén es como en cualquier otra ciudad. La gente se levanta, va al trabajo, vuelve, y así hasta el fin de semana, que es peculiar porque, según sea tu ambiente, es triple: el viernes para los musulmanes, el sábado para los judíos, y el domingo para los cristianos. Así que a gusto del consumidor: puedes creer que no hay descanso en la ciudad, o que es el fin de semana más largo que hayas conocido.
La normalidad es general. Por ejemplo, el día de hoy. Hemos dedicado la mañana a ciertos formalismos, de resultas de los cuales tengo encima de la mesa unos diez o doce carnets, tarjetas o pases de diferente tipo y condición, eso sí, todos imprescindibles. Para entrar en la universidad hace falta una security card, que a su vez se consigue con un yellow pass, que previamente has sacado en secretaría. Alguno puede preguntar, “¿y cómo llegas a secretaría?”. Misterios de Jerusalén. A su vez, tenemos una green card, para la biblioteca, y suerte que no tenemos coche, porque si no, otra más. A todo esto, la mitad de los carnets no valen sin la carta de invitación, y es aconsejable llevar el pasaporte. Por si acaso. Y en un sitio donde para entrar a clase tienes que pasar por un control aeroportuario, pues lo llevas, y santas pascuas. Lo de aeroportuario no es un símil. Hoy me han perdonado sacarme el cinturón, porque pitaba cada una de las cinco ocasiones que me hicieron pasar por el arco de marras, para guasa de mi compañero y ex amigo.
El ambiente es chocante. La universidad es un reducto de occidente. O más propiamente, de estilo de vida americano. Facultades con el nombre de su patrocinador (Economic Faculty of Menganito, Hall of Fulantito), alumnos deportistas, alumnas cotilleando junto a las taquillas… si hubiera visto un equipo de animadoras no me hubiera sorprendido. Y sin embargo, hay un no sé qué en el ambiente. Comiendo en la cafetería Frank Sinatra una mezcla de cuscús con Kentucky Fried Chicken, leíamos las placas de las paredes: 80 víctimas, 9 muertos. Casi se nos atraganta el pollo.
Jerusalén es normal. Es normal conducir a 80 por calles plagadas de mujeres empujando carritos destartalados llenos de fruta y ancianos montados en burros famélicos. Y mientras vas cuesta arriba a esa velocidad (llegas tarde a clase) en un coche taiwanés de marca indescifrable bajo la roña, ciscarse en los muertos del tipo que pretende adelantarte, diciendo que está loco, pero acelerando para que no te pase. Y el cambio de rasante a tiro de piedra. Verídico. En primera persona. Cada mañana unos italianos nos llevan a la facultad, y nos explican que “en el Cairo se conduce peor”, es la tercera vez que me lo dicen, de diferente fuente. Me temo que al Cairo va a ir su padre. Así de sencillo.
Estamos en Ramadán, una época del año como otra cualquiera. Los musulmanes no comen, no beben, no fuman, y no conocen mujer durante la luz del día. No se alimentan ni siquiera cuando hacen un trabajo físico duro. Eso sí, al caer la tarde, comen, beben y fuman todo lo que pueden. De lo otro, no lo sé. Por cómo se las gastan aquí las señoras, pueden casarlas jóvenes y de tres en tres, pero si tienen el mismo genio dentro que fuera de casa, no apostaría nada.
El caso es que a esa hora mágica de la cena en Ramadán, con Jerusalén en silencio, adornada con luces de verbena castellana y olor a fritanga especiada, servidor y su acompañante decidimos coger un taxi. Los autobuses se los tengo prohibidos, porque por simple relación calidad precio, los terroristas prefieren volar un autobús que un taxi. Mismos riesgos, mayor cuota de mercado. El caso es que, como vamos a un barrio musulmán, y tenemos pinta de ello, cogimos un taxi, que es el vehículo preferido por los palestinos. Y es que los taxis, sheruts, son furgonetas de nueve plazas, con un recorrido medianamente definido, alterable según las circunstancias, y que recogen pasajeros sin parada. De hecho, paran a inquirir a la gente si quieren sus servicios. Igualito que en Madrid. Con este plan, no es de extrañar que no tengan horario. Uno se acuerda de esos trenes belgas, que salían a las “y diecisiete en punto”, y lo hacían, vive Dios. Así que hoy hemos llegado a casa en una Ford Transit tuneada como la puerta de un wáter, con pegatinas encima del velocímetro, luz estroboscópica en el salpicadero cegando a los pasajeros, incluído el conductor, la versión palestina de Camela atronando en los altavoces, y un trapo cerrando el depósito de la gasolina. Imagino que para que cuando tenga un choque con el primero que se le cruce sea más fácil convertir la Transit en un cóctel molotov tamaño familiar. Por facilitar las cosas, vamos.
Pero de todas las cosas normales que ocurren en esta ciudad, la que más me llama la atención de este barrio, y que incluso me irrita levemente, es la maldita manía que tienen estos hijos de la gran puta de pegar tiros por la noche para celebrar el cotidiano fin del ayuno. Nadie me podrá acusar de projudío, me conocéis. Incluso puedo retirar el feo insulto. Pero tanta normalidad me tiene atacados los nervios.
Pablo
Como dice el sabio Profeta, sagradas sean sus ladillas, la paciencia en una santa virtud. Ya sabemos que en algunos pseudo-cantabrones galleguistas, esta paciencia escasea, Pero bueno es beber de la misma fuente, aunque alguna no sea potable y cause el conocido mal del profeta, alabadas sean sus barbas y traidorzuelos, que le tenía encaramado a altas ramas de olivos a ejercitar desde las alturas. Cual algún peregrino bien conocido.
Insisto en la envidia que me dais, a pesar del burocracismo salvaje y tanta medida de seguridad (incluso en las lujosas berlinas que habituais). Agradeceros la oportunity que dáis de “vivir” Jerusalén a través de cuatro ojos gañanes. Y como conozco a Pablín (alabada sea su perilla), no espero menos de mil afotos para revivir un viaje a Tierra Santa.
PS.- La idea de la amaderada cruz, mola… Ya sabes lo que quiero decir, no? Yo no quiero una tacita.
PS2 (rosariana).- Que no te quejes, que según fuentes fiables, en El Cairo se conduce definitivamente peor.
Un abrazo, peregrinos.
ejeje compañero y ex-amigo!!! ejejeje… bueno… no se porqué te asustan los tiros por la noche… jejeje… osea que todo “normal”!!! que aburrido!!! jeje para cuando Gaza y Cisjordania?? estáís en la casa de Jerusalen de la Ponti? dar buena imagen y mirar si hay por ahí algún psicólogo de la religión!!!
bueno… queremos fotos!!!!
Bueno, pues ya que veo que viene a cuenta del tema, y dado que no creo que en ningún otro sitio me vayan a aguantar con el relato, aprovecho para narrarlo aquí, ahora que estáis como Simón Cephas y Saulo de Tarso por Jerusalén (aunque ya veo que Saulo preludia su típica nostalgia de las tierras de gentiles, o al menos de Tarso, que siempre ha resultado la gente algo menos belicosa por otras latitudes –o, al menos, no se dedican a disparar rifles al aire a las tantas de la noche–).
Veréis, hace unos días quedé por aquí por Boston con un rabino (versión reformada) para charlar con él. Reconozco que ya sólo quedar con él fue un proceso muy difícil, pero gracias a que utilicé el nombre de Óscar S.A. (bueno, y en momentos de mucho, mucho apuro, también el de Pepiño Blanco, que me han dicho que es mano de santo siempre que interfiere por estas tierras estadounidenses), al final lo conseguí.
Mi charla con el rabino fue una especie de entrevista periodística (últimamente, más y más gente, sobre todo en Valladolid, me confunde con un periodista, me dice que hago cosas muy “periodísticas” o que “se me nota que soy periodista”… tengo que pensar si es algo bueno o malo… bueno, ya lo he pensado: es algo bueno). Le pregunté, al rabino, sobre diversas cuestiones éticas (cómo no), sobre escatología, sobre sus relaciones con otros grupos judíos (hassidim, ortodoxos, conservadores…) y sus relaciones con las demás religiones, sobre el Holocausto. Al final hice una especie de esas preguntas rápidas que les gustan tanto a los periodistas (bueno, NOS gustan tanto a los periodistas): yo le iba citando nombres de pensadores judíos, y él me daba brevemente su opinión sobre ellos. (Vale, lo reconozco: quizá en eso de buscarle las cosquillas sobre su opinión de la “natura naturans” spinozista se me vio un poco el plumero filosófico, más que periodístico, vaaaaaaaaaale).
Fue muy divertido. Al final del encuentro (que duró algo más de una hora), el hombrito me regaló un libro de plegarias hebreas.
En fin, os lo cuento porque se me ocurre que sería genial que hicieseis algo parecido allá en Jerusalén, pero a lo grande: quedar con diversos grupos judíos, cristianos, musulmanes y preguntarles cosas (bueno, a los cristianos, por ejemplo, no hace falta que les preguntéis que qué piensan ellos sobre Cristo, que uno más o menos se lo puede imaginar). Y si lo grabáis y todo, podríais convertiros en una mezcla de Dúo Dinámico y Fernando Sánchez-Dragó al que yo le auguraría un gran futuro televisivo.
En fin, para que no se diga que no vuelvo de Estados Unidos (lamentablemente, ya tan pronto como pasado mañana) con ideas nuevas (otra cosa es que sean medianamente sensatas).
Abrazos,
Vaya vaya vaya… esto sí que no me lo esperaba. Ver a Pablo metido en berenjenales varios me lo podría explicar -de hecho, lo encuentro perfectamente lógico- pero el hecho de pirarselas a Jerusalen es algo que no tenía yo entre sus aficiones. Me alegra el hecho de saber de tí, Pablo, y también leer los comentarios de nuestro común amigo Mcachis (que por lo que veo ni uno ni otro habéis perdido un ápice de vuestro peculiar estilo narrativo).
Vive Dios que en otros tiempos hubiera jugado a superarios en estilo literario, pero la vida cibernética me tiene cansado y mis dedos ya no teclean cual poseso con la facilidad de otros tiempos. Así que me hago a un lado, hago firme propósito de seguir el blog (ya está añadido a favoritos) y espero y os deseo lo mejor para vos, Pablo, y para tu aventura. Que ésta sea fructífera, provechosa, fecunda y cuantos adjetivos quieras añadir a la lista.
Y que lo pases de puta madre, que es lo importante.
p.d: Si se te pierde la pipa, no tienes más que decirlo!! Y te enviaremos una por burro urgente.
Bueno…. sigo esperando más fotos!!! y qué alegería vera tanta gente interesada!!! incluso reaparece Miguel Ángel!!! bueno… esperamos más noticias!!! ¿Cómo es la comida?? seguro que has encontrado algún sitio de pasteles y patatas fritas!!! ejejeje ciao
En El Cairo se conduce pero. Doy Fe. Que por cierto eso de la Fe está muy de moda en las latitudes donde os moveis.
Una abrazo
El Cairo, El Cairo…. Qué va a decir un gallego de Vigo de como se conduce!!!
No si al final va a resultar que vas a ser de Santander!
Fotos Pablín, fotosssss